
LIBER PROSPECTUS Autor: Folkeith
Planificando y realizando un cementerio con distintos elementos vamos a ver muchos aspectos diferentes del modelismo. Y, además, bandejas de movimiento. |
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liber prospectus: Introducción
Salud, damas y caballeros.
Sed bienvenidos a este primer capítulo del Liber Prospectus. Seguro que muchos de vosotros aún os estáis preguntando de qué va todo esto, así que creo que empezaré por aclarar esa incógnita.
En pocas palabras, se podría decir que Liber Prospectus es un compendio de consejos e ideas, destinados a servir de ayuda y apoyo a todos aquellos que se inician en el gratificante mundo de la escenografía. En ningún momento será mi intención establecer una pautas o normas de trabajo. ¡Esto no es una guía! Lo que en realidad se esconde detrás de Liber Prospectus es el deseo de mostrar algunas de las muchas formas y maneras de entender y crear escenografía. Se trata tan sólo de una simple visión personal de este campo, una interpretación más, que deja abiertas las puertas a toda una gran variedad de posturas. La razón por la que digo todo esto es evitar que alguien pueda pensar que detrás de estas palabras se esconde un propósito de aleccionar, pues nada se aleja más de la realidad. De hecho, se podría decir que el Cementerio de plebeyos, del que hablaré en el siguiente artículo, es ciertamente el primer elemento de escenografía que construyo (antes tan sólo había hecho un bosque muy simple con un poco de césped y unos árboles de los de GW). Esto lo digo para que quede claro que las palabras aquí escritas provienen de un aprendiz más, nunca de un maestro, y que por tanto deben tomarse tan sólo como lo que son: un relato de la experiencia propia, un diario.
Espero que entre estas páginas seáis capaces de encontrar alguna idea, alguna impresión, que os ayude a iniciaros (o a mejorar, según el caso) en el bello campo de la creación de escenografía.
Haciendo planes...
Como para casi todo, una buena planificación resulta indispensable. Siempre que decidamos sumergirnos en la creación de un nuevo elemento de escenografía, debemos hacerlo tras analizar una serie de consideraciones previas de muy diversa índole. Aunque pueda parecer una tontería, es necesario abordar esta primera etapa del proyecto con la mayor seriedad, pues me atrevería a decir que, a posteriori, resulta ser la más importante de todas.
La primera pregunta que debe acudir a nuestra cabeza es engañosamente simple: ¿qué es lo que queremos? Aunque no lo parezca, en ocasiones puede resultar algo difícil responder a esta cuestión. Ante todo, debemos tener bien claro en que categoría se enmarca el elemento de escenografía que deseamos construir: colinas, bosques, edificios, ríos... Una vez lo hayamos clasificado, estaremos preparados para determinar las características propias de ese elemento. Dentro de éstas se engloban tanto aquellas que de por si deben serle propias, como otras de nuestra invención que ayuden a proporcionarle una mayor personalidad a nuestra creación. Así, a modo de ejemplo, imaginemos que deseamos construir un bosque. Deberemos respetar una serie de principios básicos característicos de este elemento, tales como la presencia de árboles y arbustos. Esto es algo que no podemos alterar, pues de hacerlo nuestro elemento perdería su nombre y pasaría a ser otra cosa. ¿Alguien ha visto un bosque sin árboles? (no, no valen los incendiados...). Sin embargo, la parte más creativa y personal de todo el proyecto es la que viene a continuación. Aun respetando las características básicas del elemento, podremos introducir otras de nuestra invención que lo hagan ganar en riqueza visual y particularidad. Retomando el ejemplo anterior, podríamos añadirle a nuestro bosque un par de troncos caídos, medio ocultos ya por el musgo y la maleza; o un pequeño riachuelo que lo atraviese a su paso; o un claro en su centro que sirva de lugar de culto, etc.
Como veis, las posibilidades son infinitas, tanto como la imaginación de cada uno. No obstante, es necesario no dejarse llevar por el arrebato y querer abarcar demasiado de una sola vez. Imaginaos que deseo hacer un pequeño bosque del tamaño de las dos manos juntas, introduciendo en el todos los detalles antes citados. A no ser que los dioses del Caos os hayan bendecido con alguna extraña mutación, supongo que os daréis cuenta de que querer introducir todos esos detalles en un espacio tan pequeño tan sólo conseguiría sobrecargar el elemento. Por ello, lo que yo aconsejaría es que os dejéis llevar por la inspiración, hagáis acopio de ideas y, por último, decidáis cuales de ellas deseáis aplicar a ese elemento en particular. Pero en ningún caso resulta adecuado intentar plasmar todo lo que a uno se le viene a la cabeza. En su lugar, clasificad vuestras ocurrencias, tamizadlas, y elegid aquellas que creáis que pueden resultar más útiles en ese caso, sin temor a guardar otras para futuros proyectos en los que encajen mejor.
Hasta ahora hemos hablado de la parte más artística del proceso de planificación de un elemento de escenografía, pero paralelamente a ésta deberíamos tener en cuenta una serie de criterios de distinta índole. Uno de ellos (y muy importante) es la jugabilidad. ¿De qué me sirve tener un bosque perfectamente elaborado y lleno de detalles si no puedo introducir en él una sola miniatura, o que es tan desmesuradamente grande que apenas deja sitio en el campo de batalla para jugar una partida? Lógicamente, habremos empleado un montón de tiempo y recursos en construir un elemento de utilidad puramente decorativa. No debemos olvidar que WF es un juego, y como tal, la escenografía que creemos para él debe permitirnos desarrollar nuestras tácticas, no dificultarlas. Esto se consigue tanto a la hora de desplegar la escenografía como a la de elaborarla, teniendo en mente que lo que estamos construyendo debe ser una maqueta a escala y, a la vez, funcional.
Otro de los puntos a considerar son los recursos necesarios y los disponibles. Una vez hayamos decidido cuales son las características de nuestro elemento, habrá llegado la hora de seleccionar las herramientas que emplearemos para materializarlas. Será necesario saber de qué materiales disponemos y cuáles de ellos pueden servir para nuestros fines. Es probable que carezcamos de algunos de ellos, por lo que será necesario adquirirlos o bien buscar rutas secundarias que nos permitan obtener un efecto similar al deseado empleando únicamente lo que tenemos. Decidir cuáles son los materiales más adecuados para alcanzar el acabado deseado, qué cantidad de dinero estamos dispuestos a invertir y cuándo es más conveniente seguir adelante echando mano únicamente de lo que hay a nuestro alcance. Todas ellas son determinaciones que debemos tomar con el mayor de los cuidados, buscando en todo momento un equilibrio entre la satisfacción personal y nuestro bolsillo, y evitando caer en los extremos (no hay que pecar de cutres, pero tampoco de despilfarradores). Este es un tema que requiere una gran intuición, tan importante como la destreza a la hora de ejecutar el proyecto. Pero no quiero hablar más de esto, pues son temas que nos tocan a todos de distinta forma, y están muy en relación con lo que cada uno se exija a sí mismo y los recursos de los que pueda disponer.
Como último criterio, haré mención al tiempo. Como es lógico, no nos va a llevar el mismo tiempo construir una colina que un castillo. Debemos por ello ser conscientes desde un primer momento de la cantidad de dedicación que nos exigirá nuestro proyecto, con la intención de no llevarnos sorpresas desagradables. No sería la primera vez que alguien diseña un magnífico elemento de escenografía, se agencia los mejores materiales y comienza a trabajar con la mayor ilusión del mundo, para, al cabo de unos pocos días o semanas, ver que la idea inicial le desborda o, en ocasiones, termina hastiándole. Y en verdad es muy triste ver como todas esas ilusiones se convierten en aire, el ansia se torna aburrimiento, y el que antes fuera un atrevido proyecto es ahora un amasijo de cartones encolados olvidados en algún cajón. Por eso yo os aconsejaría lo siguiente: sed ambiciosos, sí, pero conscientes al mismo tiempo de vuestras propias posibilidades. Cada uno debería conocerse a si mismo y tener eso en cuenta a la hora de diseñar un plan, sin limitarnos, pero sin ir tampoco más allá de nuestra capacidad. En mi opinión, sólo de esta forma se puede llegar a construir un buen elemento de escenografía sin dejarnos en él más de lo que nos podemos permitir.
Bien, espero que me disculpéis por esta pequeña introducción, a mi entender totalmente necesaria. Tan sólo son unas consideraciones que incluiré únicamente en este primer capítulo de Liber Prospectus, con las que mi intención no era aburrir a nadie, sino sentar unas bases desde las que se pueda comprender mejor en qué me apoyo a la hora de iniciar la construcción de escenografía. Pero sobre todo, se trata de una serie de consejos que espero también os puedan servir de ayuda a vosotros cuando decidáis sumergiros en futuros proyectos, tales como aquellos que espero ir describiendo con el tiempo.
Ha llegado la hora de aplicar los conceptos antes expuestos a un caso práctico. Mi objetivo en esta ocasión será mostrar una de las muchas formas de construir un cementerio. Por tanto, es mi intención que aquellos que leáis este artículo encontréis en él información útil y general, consejos que os puedan ayudar a crear vuestros propios elementos, y no una simple enumeración de los pasos que yo seguí en la creación del mío. Pero basta ya de introducciones. Ha llegado el momento de entrar de lleno en el asunto, y eso es algo que haré comenzando por el diseño mental del proyecto, en el cual intenté plasmar los principios teóricos ya expuestos en la introducción.
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