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Relato El Equilibrio

Ganador
I Concurso de Relatos Marcus Beli


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Si eres Valiente

autor: ALEXEI


-“¿Qué demonios hago aquí?. ¿Qué ha ocurrido? ¿Qué sitio es éste?” ¿Hacia donde nos dirigíamos?

Caminaba junto a varios cientos de personas. Recuerdo los tres días de viaje, de silencioso viaje. Nadie se atrevía a preguntar sobre nuestro destino. Ninguno de los que allí nos encontrábamos pronuncio apenas una palabra durante aquellos tres largos días. ¿Y que podíamos esperar? Éramos solo unos muchachos que, por primera vez en su vida, se dirigían a la guerra.

Recuerdo las caras de mis compañeros. Teníamos miedo. Éramos unos chicos asustados. Vinieron a nuestro pueblo y nos reclutaron. Apenas se nos había dado una espada y un escudo.Conocía a muchos de aquellos chicos. Vivian en mi pueblo. Eran jóvenes como yo. Chicos normales. Nos gustaba cortejar a las chicas del pueblo. Nos gustaba competir entre nosotros en nuestros pequeños juegos de guerra. Alguno de los que se encontraban junto a mi acababan de casarse. Uno de mis compañeros, amigo de la infancia, incluso esperaba un hijo.

Éramos jóvenes. Nuestra mayor aspiración en la vida era trabajar el campo y tal vez hacer algo de dinero con el que poder ir a vivir a una ciudad mas grande.

Ahora éramos soldados del Imperio. “El glorioso Imperio os necesita” dijeron. Y apenas pudimos despedirnos de nuestras familias.

Recuerdo la llegada al campamento. Había miles de muchachos de nuestra edad mezclados con curtidos soldados. Estos intentaban calmar nuestro miedo, que se hacia palpable por momentos. “Si eres valiente y no retrocedes volverás a casa, muchacho” me dijo uno de aquellos veteranos. Mostraba una gran cicatriz en la cara. “¿La ves?” pregunto señalando la marca “Si en aquel momento me hubiera asustado ahora estaría muerto. Pero luche, seguí adelante y sigo vivo”. Aquello no me calmaba. Él sin embargo, se mesaba la barba despreocupadamente. Claro. El sabía lo que era la guerra. Pero yo no... Yo no...

Al día siguiente marchamos a la batalla. Largas filas de soldados recorrían el camino. Creo que nunca había visto tanta gente junta en mi vida. Al fin y al cabo, solo era un muchacho de pueblo. Esperábamos al enemigo en una colina. La artillería estaba dispuesta. Los arqueros se posicionaban. Vi a la caballería, completamente acorazada. Habría dado cualquier cosa por estar entre uno de aquellos dos grupos. Los arqueros no combatían, solo disparaban. Los caballeros iban bien armados. Y al menos así habría una forma de huir del combate. Pero no había vuelta atrás. Solo quería saber a quien me enfrentaba.

El general se adelantó y comenzó la arenga:

- “Soldados, hoy será un día glorioso. El Imperio os reclama para detener la Tormenta. Sois leales siervos del Imperio, y como tales debéis ser temidos. Nunca he perdido una batalla y hoy no será distinto. Hacedlo por Sigmar!”. - vociferó, como si aquello bastara para calmar nuestros temores.

Sigmar. Aquello si habría sido una buena noticia. Ojalá contáramos con su ayuda. O con la de aquel misterioso hombre, cuya leyenda crecía, de quien se decía que era su viva reencarnación. Valten le llamaban. Ojalá aquel valeroso guerrero luchara de nuestro lado. Pero estábamos solos. No había nadie, excepto nosotros mismos y el enemigo desconocido.

Sonaron los cuernos. Cuernos de guerra. Un escalofrió recorrió mi cuerpo al ver aparecer en el horizonte una interminable marea de negras armaduras. Ahora conocía a mi enemigo. Las hordas del Caos invadían el Imperio. ¿Acaso pensaban que nosotros, jóvenes sin experiencia, serviríamos de ayuda contra la misma muerte?.

Sonaron los primeros cañonazos. Manteníamos las filas. Busqué con la mirada hasta hallar a aquel veterano del campamento. Comentaba algo con un compañero y ambos reían. Yo estaba a punto de llorar. Se lanzó la carga. Corrí junto al resto de las tropas. No estaba en la vanguardia. No estaba atrás. Era uno más. El miedo desapareció. No había vuelta atrás. Se hizo el silencio en mi interior. Solo pensaba en la batalla. Al fin y al cabo, no había vuelta atrás. Ya no podía retroceder.

Miles de bárbaros corrían hacia nosotros. Recuerdo la violencia del choque. Caí al suelo, desarmado. Solo me había golpeado. Recogí mi espada, que cayó cerca de mi. Lancé la primera estocada, pero no fui capaz de acertar a mi objetivo. Un horrible ser detuvo mi espada con su escudo. Era un hombre, pero era bestial. Sus ojos mostraban demencia. Estaba fuera de si, sediento de sangre.

Luché con todas mis fuerzas. La sangre salpicó mi cara. ¿Había matado a mi oponente?¿Me había herido a mi? Nada me dolía. Vi a aquel bestial hombre que estaba frente a mí. Tenia un enorme tajo en el pecho. Había matado. Por primera vez en mi vida, había asesinado a un hombre. Le vi caer. Pude ver como la vida se escapaba de su cuerpo. Jamás olvidaría aquella expresión. Ahora era tan bárbaro como ellos.

Me apresuré a apartar aquellos pensamientos de mi mente. Tenía cosas mas importantes de las que preocuparme. Sí. Mi vida peligraba en cada segundo. Busqué un nuevo rival. Pero él me encontró a mí. Con una enorme hacha, saltaba hacia mí. Conseguí esquivarle. Su hacha se clavó en el suelo. Mi espada atravesó su espalda. En aquel momento descubrí que no era un mal guerrero. Al parecer tenía dotes para la guerra.

Dolor. Recuerdo el pinchazo en el pecho. Otra vez. Cuando mire vi dos virotes negros clavados en mi torso. Caí de rodillas. Apenas había luchado y ya me estaba muriendo. Trate de levantarme, pero mis rodillas fallaron. No recuerdo más.

Ahora ya se donde estoy. O tal vez no. No se cual es este lugar, pero una cosa es segura. Estoy muerto. No volveré a ver a mi familia. Recuerdo las palabras del veterano, cuyo nombre ignoro: “Si eres valiente y no retrocedes volverás a casa, muchacho”

Mintió.