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El Raro Lettus autor: Haliem Monstromo NOTA: Este relato sirve como presentación de la sección "Los Apuntes de Lettus" |
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La batería de cañones dominaba con su estruendo la batalla. Situado sobre una colina con el Sol a su espalda y en un abrupto risco, estaba al margen de la lucha e inalcanzable para el enemigo mientras que minuto a minuto sus salvas destrozaban las líneas defensivas del oponente. - Lettus, a ver si dejas de una vez ese maldito cuadernillo tuyo -gritó Kemla, uno de los ingenieros imperiales. Situado delante mismo de los cañones, aunque fuera de su tiro, un poco a la izquierda, y resguardado tras una enorme roca y unos arbustos, Lettus Platz permanecía sentado en una silla de madera, pequeña y abatible, que portaba batalla tras batalla. Impasible ante el comentario del ingeniero siguió mirando la batalla que ocurría a sus pies a través de un artilugio que obtuvo en tierras tileanas y que acercaba a un palmo todo lo que a la vista era distante. No comprendía muy bien el funcionamiento de tal instrumento, similar a una lupa, pero poco le importaba. Gracias a él podía ver con detalle el ejército enemigo maniobrar como si estuviera al alcance de su mano. Porque realmente a Lettus Platz le hubiera gustado estar en mitad de la lucha y no en la seguridad de ese peñasco. Pero como en su familia había una larga tradición de ingenieros imperiales, en cuanto que tuvo edad su padre lo mandó a la Escuela de Ingenieros de Altdorf. Su caracter apocado y su respeto para con sus progenitores hicieron que no saliera de su boca jamás una sola palabra oponiéndose a lo que, contra su voluntad, su padre el imponía casi como tarea familiar. Menos aún quiso disgustarlo cuando su madre murió y su padre, sumido en la desesperación, se arruinó, suicidándose finalmente en su propia casa. En la escuela no destacó, aunque todos coincidían en su gran capacidad, cosa que demostraba cuando las circunstancias se daban. Sin embargo, de nuevo su forma de ser lo relegaba a un segundo plano. Siempre sosegado y calmado, sin decir una palabra más fuerte que otra, sin un mal gesto y en una actitud casi sumisa, no era posible que estuviera al mando de nada a pesar de sus aptitudes. Así, en la mediocridad, Lettus pasó su vida. Nunca se le vió con mujer alguna, ni se le conoció amor. Tras la muerte de sus padres, renunciaba a sus permisos, uno tras otro. Sólo en raras ocasiones acompañaba al resto de compañeros a las tabernas y posadas y, cuando lo hacía, era el primero en retirarse, sólo y en la oscuridad de la noche, al cuartel. Era el "raro Lettus". Sin embargo, "el raro Lettus" se hacía querer. Amable, servicial y buen compañero, aunque al principio podía ser objeto de burlas, éstas pronto cesaban. De entre los más antiguos, más de uno le debía su vida o alguna extremidad a su extraño compañero, que lo había salvado en mitad de la batalla. Incluso se cuenta que gracias a una aportación suya el cañón de salvas original de von Meinkopt fue mejorado, siendo más seguro para su dotación. Aunque él, claro, nunca dijo nada al respecto. Lo que verdaderamente hacía todo el tiempo Lettus Platz era leer y escribir. Si no estaba haciendo una de ellas, estaba haciendo la otra. Una raida mochila lo acompañaba a todos lados. Y en ella al menos un par de libros y, como no, su cuadernillo de notas con sus tapas de cuero medio descosidas y enormemente sucias y maltratadas por el tiempo. Con el paso de los años, lo que al principio era un fino cuadernillo ahora era un gran bloque de hojas. En ellos Lettus escribía sin parar y en cualquier momento. Especialmente lo hacía tras una batalla. Mientras los demás se repartían el botín y se bañaban en alcohol para celebrarlo, Lettus se sentaba en su silla y escribía sin parar. Porque lo otro que identificaba al "raro Lettus" era su silla. La había hecho él mismo y, la verdad, era tremendamente cómoda de transportar en la espalda. En el batallón nadie podía imaginar a Lettus sin su mochila y su silla a la espalda. Era extraño ver como un soldado abría una silla y se sentaba, como si no existiera peligro, en los aledaños de una batalla. Hoy, había sacado ambos, silla y cuadernillo. La disposición lejana de su unidad, al abrigo del enemigo, y cómo se estaba desenvolviendo la lucha, lo había permitido. No era la primera vez que lo hacía. Su avanzada edad hacía que los demás pudieran pasar perfectamente sin él, aunque no dudaba en regresar a su tarea si lo creía necesario. - Lettus -volvió a gritarle Kemla- Esta noche te vienes con nosotros que bastante estás escribiendo ahora. El "raro Lettus" se giró levemente hacia atrás para mirar a su compañero mientras sostenía en su regazo su cuadernillo. Kemla vió como la mirada cansada del anciano cambió. Unos centímetros por debajo de su barba, en mitad del pecho, una flecha sangrante asomaba de entre las ropas de Lettus Platz. La silla se tambaleó y, a la vez que el cuerpo del "raro Lettus", cayó al suelo. El cuadernillo quedó agarrado por su mano. Cuando se acercaron al cuerpo y comprobaron su muerte, le quitaron su más preciada pertenencia. En la tapa de cuero raido, grabado a fuego se podía leer simplemente "apuntes"... |