

Situado entre las montañas del norte de la isla, el río pálido y uno de sus afluentes, aislados del exterior por tres de sus cuatro puntos cardinales, esta antigua zona de valle se encuentra jalonada por distintos poblados con una población autóctona que se ha mantenido tal y como era hace decenas de años. A su alrededor, la jungla se arragia en la tierra junto al río y entre palmeras y enormes árboles cubiertos por lianas, se encuentran los poblados de los aborígenes locales, llamados "Moradores de las Selvas" totalmente mimetizados con su entorno. Sólo un par de claros en la vegetación interrumpen esta selva y brinda a estos pueblos una mínima oportunidad de agricultura y un espacio más cómodo para asentarse.
Aunque ahora viven en modestas chozas hechas de troncos, paja, lianas, barro y materiales de la zona se pueden observar restos de estructuras mayores semihundidas en el suelo, invadidas completamente por la salvaje vegetación, hechas de un material pétreo similar al de las Ruinas Prohibidas del sur de la isla. Incluso algunas casas actuales aprovechan estas piedras como base para su construcción.
Son gentes sencillas y pobres, que viven de la abundante comida, básicamente raíces y frutas, que le brinda las plantas de la zona. En esos momentos, toda la población se dedica con devoción a la siembra de la cosecha, para su posterior recogida.
El lenguaje de estas gentes es desconocido hasta para los eruditos elfos, que nunca han podido entenderse fluidamente con ellos. En sus frases y conversaciones pueden distinguirse raices y terminaciones parecidas a las de los antiguos nombres que aparecen en los textos de la antigua civilización Pashi. Así vocablos como Atapa (Sol), Sunahara (maldito), Kucha Lele (Volcán Rojizo) y otros muchos de la isla pertenecen a su lengua.
No son hostiles, pero tienen medios para defenderse del invasor, aunque podrían ser persuadidos por alguna causa que les parezca justa.
Volver al comienzo de la página