Crónicas de Marcus Beli Concurso de relatos de la comunidad MB.
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Biblioteca Imperial de Atldorf
- Siéntase como en su casa, caballero Lanchart -dijo el Alto Bibliotecario de Atldorf.
La Gran Sala de Sigmar era lo menos parecido a una casa.
Con cuatro pisos de altura, un techo abovedado lleno de frescos con escenas de la vida de Sigmar y paredes recubiertas de estantes con libros, era la estancia más impresionante que Guy de Lanchart, erudito de las letras de Bretonia, había visto jamás. Las fortalezas y palacios bretonianos eran más modestos y austeros. Mientras que en Bretonia se exalta la devoción a la Dama y una vida recta y virtuosa, el Imperio siempre ha gustado de demostrar que es la nación más poderosa del Viejo Mundo. La luz de la sala era sublime, perfecta se podría decir, ya que entre el techo y las estanterías se situaban grandes ventanales que recorrian de un extremo a otro las paredes de la sala. El brillo de los dorados, junto con el olor de los libros y la madera de los estantes y entrepisos aumentaban más la sensación de grandeza del lugar. El suelo, de una exquisita piedra traída expresamente de Kislev, formaba figuras geométricas entrelazadas armoniosamente entre sí, dejando en el centro un espacio vacío, de forma octogonal y en el que se situaba el cometa de dos colas. Más adelante en la sala se situaba una enorme mesa, finamente tallada y custodiada por dos espaderos imperiales.
En ella, frente a frente, se encontraban Guy de Lanchart, de apenas treinta años, y el Alto Bibliotecario Hans Metzer, que rondaba los sesenta.
- Y bien -retomó la conversación el bibliotecario-. Supongo que habrá venido a consultar los documentos bretonianos que tenemos en la Biblioteca.
Lanchart movió levemente la cabeza dando a entender que no era ese el motivo de su visita a la vez que seguía observando la sala. El bibliotecario frunció levemente el ceño, extrañado.
- ¿Tratados comerciales con Bretonia? -volvió a inquerir.
De nuevo una negación ya con la mirada fija en el bibliotecario, cómo si lo retara a que lo descubriera. Éste, más que amedrentarse, se espoleó ante lo que parecía un reto de su interlocutor.
- Bien... Quizás sea algo más concreto. Tenemos varios cantares sobre la Dama del Lago... ¿Quizás "El Cantar de las Lágrimas"? para mí es el más rico en referencias a los comienzos de la devoción por la Dama y el que más entronca con el origen de Bretonia y...
- No, tampoco es eso -señaló Lonchart, cortando bruscamente el tono erudito del bibliotecario.
El bibliotecario imperial se dió cuenta que era algo que difícilmente iba a poder adivinar sino era ninguno de los documentos que normalmente solicitaban los expertos bretonianos que visitaban la biblioteca. Además, era normal no acertar. En la Biblioteca de Altdorf había millones de tomos. Incluso libros que se suponen que fueron destruidos o que, simplemente, "no existen". Libros a los que sólo unos pocos tienen acceso. Junto a esos ejemplares únicos, las estanterias estaban llenas de tomos de historia de todos los pueblos del Viejo Mundo, además de algunos cientos sobre las más lejanas tierras. Había libros de geografía, ingeniería, agricultura, navegación, ganadería, música, ciencias, leyendas... Y, por supuesto, magia, alquimia, religión... A todo eso hay que añadir la literatura mundana para divertimento general, en la que abundaba la narración de grandes gestas inventandas, algunas de las cuales terminaban formando parte de una especie de historia paralela del Imperio. Los autores de estos últimos libros no eran más de diez, pero eran grandes conocidos del pueblo, ávidos de gestas y héroes.
- Bueno -comenzó a decir el bibliotecario-, si su visita se sale de los temas bretonianos, me resulta imposible adivinar el motivo de la misma. La biblioteca encierra millones de historias de todo tipo. O quizás venga usted a ofrecerme sus servicios como escriba...
- Señor Metzer -empezó a decir Lonchart echando el cuerpo levemente hacia adelante-, sin duda que los relatos que nos rodean otorgan vida a nuestro mundo. Sin embargo -hizo una pausa-, simplemente venía a solicitar la mano de su hija. Los relatos se los dejaremos a otros...
Retomamos en Marcus Beli un antiguo concurso, el de relatos, con aires renovados. Siempre con la idea de desarrollar al máximo nuestro juego y su mundo, somos muchos los que vemos en estas historias un marco estupendo para desarrollar a posteri personajes propios, el trasfondo de nuestro ejército o nuestra propia visión de las distintas regiones del mundo de Warhammer Fantasy.
Con el nombre de "Crónicas de Marcus Beli", el ganador se ganará el título honorífico de Bardo MB.
Esperamos, como siempre, vuestra participación. A continuación, las bases y los plazos. Buena suerte.
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Apéndice
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Como viene siendo norma en esta Comunidad, no existen "premios", tal y como se entiende dicha palabra, pero si el reconocimiento por parte de la Comunidad y de la Administración al ganador con el título de "Bardo MB", título que conservará hasta la siguiente edición de este concurso.
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